Una generación de oro

Los de mi generación hemos tenido la inmensa suerte de vivir unos Juegos Olímpicos en España y, en mi caso, el lujo de haber podido disfrutarlos muy de cerca y a una edad que ya me permitió tener conciencia de lo grande del momento.

Probablemente, el espíritu olímpico que llenó el país desde que se conoció que Barcelona sería sede de los JJ. OO. de 1992, y que se mantuvo años después con el orgullo de haber organizado, en opinión de muchos, las mejores Olimpíadas hasta entonces, tenga mucho que ver con un elenco de deportistas que, además de ser de los mejores en lo suyo, han sido y son ejemplo en muchos aspectos.

Leyendas como Fermín Cacho, Abel Antón, López Zubero, Carolina Pascual, Miriam Blasco y Almudena Muñoz, Doreste, Theresa Zabell, Jordi Arrese, Arantxa Sánchez Vicario y Conchita Martínez, la selección de waterpolo de Estiarte o la chicas de oro de hockey fueron el espejo en el que se miraron muchos deportistas que empezaban y muchos niños que se decidieron a seguir sus pasos.

El producto de este ejemplo han sido medallas en sucesivos JJ. OO., campeonatos de Europa y del mundo y líderes internacionales en diferentes deportes, que quedaron resumidos en aquella famosa frase de “soy español, ¿a qué quieres que te gane?”.

Pero ese espíritu olímpico y postolímpico quedó sobre todo reflejado en la forma de hacer, de vivir el deporte, de la generación de deportistas que está culminando su carrera en estos años y de la que hemos tenido el privilegio de disfrutar.

La selección de baloncesto de Pau Gasol (y de Navarro, Garbajosa, Calderón, Rudy, Reyes, Marc, Ricky, Llull…) y la de Amaya Valdemoro; la selección de balonmano de Barrufet, de Hombrados, de los Entrerríos; la de waterpolo de Jennifer Pareja; los equipos de natación sincronizada con Gemma Mengual, Andrea Fuentes, Ona Carbonell; la selección de fútbol de Aragonés y Del Bosque, de Casillas y Xavi, de Iniesta, de Raúl, de Torres, de Puyol; referentes como Teresa Perales, Mireia Belmonte, Ruth Beitia, David Cal, Saúl Craviotto, Almudena Cid, Lydia Valentín, Joan Llaneras, Alberto Contador, Alejandro Valverde, Gervasio Deferr, Javier Gómez Noya, Chuso García Bragado, Garbiñe Muguruza, Maialen Chorraut, Carlos Sainz, Fernando Alonso o, por supuesto, Rafa Nadal como máximo exponente de estos y muchos otros que me estoy dejando.

Todos ellos tienen en común principios tan deportivos como el esfuerzo, el sacrificio o el espíritu de superación. Pero, además, esta generación de deportistas ha transmitido y transmite, en general, algo aún más importante: compañerismo, buen rollo y, sobre todo, compromiso y respeto, hacia los rivales y hacia sus equipos.

El papel del deporte en la sociedad va mucho más allá del entretenimiento, que también; gracias a la atención que genera, es una de las mejores vías para transmitir valores. Los deportistas de élite tienen una responsabilidad que no es sólo la de ganar: son el centro de las miradas de muchos jóvenes, y no tan jóvenes, que buscan en ellos un referente. Mi agradecimiento a todos los que he admirado y admiro, que son incluso más de los que he citado, por ser los mejores modelos para mi generación, trascendiendo lo deportivo. Confío en que los que vienen estarán a la altura.

Imagen: Globalite, obtenida en Wikimedia Commons.

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